RESILIENCIA Y URBANISMO

La resiliencia -como sabemos- es en términos generales y en la primera acepción del diccionario de la Real Academia la “capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos” y en  la segunda acepción (más acorde con el tema de este artículo) la “capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido”.

Traído este concepto al terreno de las ciudades -en definitiva del urbanismo- sería tanto como la capacidad de las ciudades -o de las organizaciones estatales o administrativas de las que dependen- de adaptarse a las perturbaciones inesperadas o catástrofes y recuperar en lo posible la normalidad, en definitiva la habitabilidad de la ciudad.

Las más probables incidencias que ponen a prueba la resiliencia urbana en nuestro ámbito geográfico y político -partiendo de una lejana posibilidad de conflictos bélicos o grandes convulsiones sociales en nuestro territorio- son las inundaciones, los grandes incendios y los seísmos (las erupciones volcánicas, de tan reciente experiencia en La Palma, se pueden considerar limitadas al archipiélago canario).

La capacidad de las ciudades para hacer frente a estas situaciones adversas, que colapsan la vida normal de sus habitantes y el funcionamiento de los servicios, así como de la más rápida y eficaz recuperación de la normalidad, debe ser uno de los principales objetivos de la planificación urbanística y de su desarrollo y gestión.

En nuestras ciudades, como digo, la amenaza más inquietante es el riesgo de inundaciones, incendios y seísmos. Los riesgos derivados del cambio climático, aunque sean un tema recurrente y primordial mucho en la  Nueva Agenda Urbana 2021 de la ONU, ciertamente son un riesgo catastrófico inmediato como tales, salvo que se traduzcan precisamente en inundaciones o incendios.

De los incendios hay una abundante y antigua normativa para la prevención y extinción de incendios (quizás la reglamentación urbanística más tradicional y exhaustiva, pues hunde sus raíces en ejemplar ordenación urbanística romana).

Más reciente ha sido la normativa de prevención de riesgos de inundación, que ha tenido en el pasado siglo XX y actual siglo XXI episodios catastróficos en todo el Mundo y ha generado disposiciones preventivas.

En el ámbito de la Unión Europea, la Directiva 2007/60/CE, relativa a la evaluación y gestión de los riesgos de inundación, en el ámbito español el Real Decreto 903/2010, de 9 de julio, de evaluación y gestión de riesgos de inundación, que establece varios instrumentos en este orden, como son los mapas de riesgos de inundación y los planes de gestión del riesgo de inundación. Pero estos instrumentos tienen una cartografía y unas previsiones referidas al ámbito hidrográfico, es decir a la cuenca hidrográfica  cuyos riesgos previene.

Además de estos instrumentos, hay otros de carácter específicamente urbanístico como son las previsiones estrictamente urbanísticas (clasificación y calificación del suelo, establecimiento de redes dotacionales y ordenación de la edificación y urbanización) normalmente integrado en el planeamiento urbanístico municipal, pero también objeto de instrumentos de planeamiento sectoriales dedicados exclusivamente a la prevención de riesgos de inundación, desde la óptica del planeamiento territorial y urbanístico.

El más característico de estos instrumentos es el Plan de Acción Territorial de Carácter Sectorial sobre Prevención del Riesgo de Inundación en la Comunitat Valenciana (de 2015), pues en esta Comunidad Autónoma es donde más se ha sentido el riesgo de inundaciones catastróficas con algunas de las  de mayor calado en las últimas décadas.

En cuanto al riesgo sísmico, hay en las normas urbanísticas normas específicas de prevención y resiliencia en esta materia, en particular en las ordenanzas de edificación,  y  previsión de ello en la zonificación urbanística del territorio. Además en el terreno estatal existe una Directriz Básica de Protección Civil ente el Riesgo Sísmico y normas ámbito autonómico, como el Plan de Emergencia ante el Riesgo Sísmico en Andalucía.

Como vemos, otro de los aspectos esenciales del urbanismo es la resiliencia de las ciudades, en general de los hábitats humanos, ante las posibles contingencias que pueden alterar gravemente las condiciones de vida y prevenir el restablecimiento de la habitabilidad y los servicios lo antes posible.

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