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LA ACCESIBILIDAD Y EL URBANISMO

La accesibilidad urbana o accesibilidad en el urbanismo es tanto como plantearnos el acceso que los ciudadanos a los servicios urbanos, en su sentido más amplio (medios de transporte, servicios sanitarios, deportivos o culturales, centros de relación y encuentro, etcétera), lo cual tiene una gran importancia a la hora de valorar  la calidad de una ordenación y gestión del urbanismo.

Obviamente -es un lugar común- la ciudad debe permitir la accesibilidad de todos los ciudadanos a todos los lugares y a todos los servicios y en ello se ha progresado mucho en las últimas décadas. Principalmente esta accesibilidad se manifiesta en la eliminación de barreras físicas -tanto en el viario urbano, como en los edificios, instalación de medios de información urbana y de transportes para ciudadanos con capacidades distintas y medidas análogas, no siempre bien comprendidas por quienes  no precisan de esas adaptaciones del mobiliario urbano, de los edificios o los medios de transporte.

Pero hay otra manifestación de la accesibilidad urbana de más compleja resolución y más propiamente referida al planeamiento urbanístico -es decir a la configuración de la ciudad): la que se refiere a la accesibilidad de los ciudadanos a los centros de interés de las ciudades, ya sea el centro histórico, el centro o centros de los negocios y el comercio, el centro o centros culturales o deportivos, u otros de interés.

Esta accesibilidad se pone de manifiesto no en elementos individuales de accesibilidad para personas con capacidades distintas -que, obviamente, son muy importantes y han supuesto en avance social enorme, sino en el diseño urbano que permita un acceso más viable para todos a los referidos centros de interés ciudadanos.

En los últimos tiempos ha prevalecido el criterio de la peatonalización de los centros urbanos, en especial de los centros históricos y culturales, pero este criterio tiene que combinarse con unos medios de transporte público eficientes y bien conectados, así como con sistema de aparcamientos disuasorios en la periferia bien conectados con los medios de transporte público con los centros de interés y de estos entre sí.

Naturalmente, esta accesibilidad urbanística no puede venir de decisiones puntuales y casi, podríamos decir “epidérmicas”, sino de estudios amplios, pluridisciplinares y contrastados con las soluciones ya ensayadas en otras ciudades. También es interesante la realización de encuestas públicas o -como lo denomina la actual legislación- planes de participación pública en los que los afectados (colectivos particularmente implicados -sectores del comercio, transporte, educación- y la ciudadanía en general) puedan expresar su opinión y criterio respecto de las diversas opciones que los poderes públicos deben plantearles.

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