En la opinión pública tras el momento triste del fallecimiento de Francisco, se ha reabierto el recuerdo emocionado de su vida y en él lo primero que llama la atención es su dedicación y mensaje destinados a la economía.
Para Francisco, la economía ha tenido una importancia muy grande, pues en ella ha visto el principal enfoque del pensamiento y el mensaje evangélicos en este siglo veintiuno.
En la economía imperante actual y en sus criterios dominantes, Francisco ha visto el primer -y más importante obstáculo para un mando más justo y equitativo, dentro de las sociedades desarrolladas, como para las sociedades en vías de desarrollo.
La decisión, del Papa Francisco de no alinearse con la teología de la liberación, le llevaron a impulsar un análisis cristiano de la economía, en el cual la doctrina del crecimiento económico fuera económicamente sostenible y justo e igualitaria.
Desde esa óptica, impulsó en el Vaticano la constitución de una Fundación de Estudio de la Economía desde los principios analizados y divulgados por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integra, organizador de eventos congresuales anuales sobre la Economía de Francisco (EOF).
En eventos de la ONU, del Foro del G20 y en actos ecuménicos en Asís el Papa defendió los principios de «La Economía de Francisco.
«La Economía de Francisco» es -en definitiva- un movimiento global que convocó a economistas, empresarios, mujeres de negocios del mundo y demás agentes de cambio para repensar el sistema económico desde los valores del Evangelio.
De hecho, a lo largo de su pontificado, el Papa Francisco se pronunció en diversas ocasiones sobre los problemas de la economía global. En documentos clave como la encíclica Laudato Si’ (2015) y Fratelli Tutti (2020), criticó “la economía que mata”, en referencia a un «sistema centrado exclusivamente en el lucro y que deja a millones de personas excluidas».
Resumiendo, podemos afirmar que el legado de Francisco deja es no sólo un mensaje religioso definido y repetido en los funerales y actos de homenaje y despedida, sino también un inequívoco consejo de reconsideración del pensamiento económico y la adopción de nuevas tendencias en ese sentido con una clara perspectiva evangélica de sostenimiento del ecosistema de la tierra y la comunicación social de los bienes entre las personas.



